Riesgo relativo y absoluto: cómo leer los titulares de salud

Contenido generado con IA. Cómo lo elaboramos

En breve

  • El riesgo absoluto dice cuántas personas de cada 100 o de cada 1.000 tienen un problema en un tiempo dado. El relativo compara dos grupos y dice en qué proporción cambia ese riesgo. «Un 30 % menos» es una cifra relativa: no dice de dónde se parte.1
  • Un mismo porcentaje relativo puede ser mucho o casi nada según el riesgo de partida: «la mitad de riesgo» vale igual para pasar del 20 % al 10 % que del 1 % al 0,5 %.3
  • Contado en relativo, un efecto parece mayor y convence más, aunque no se entienda mejor.2 Y muchos artículos científicos, notas de prensa y noticias dan solo la cifra relativa.31
  • Las cifras que relacionan un hábito con vivir más suelen salir de estudios de observación: muestran asociaciones en grupos, no cuánto cambiaría tu riesgo si cambias el hábito.57

«Caminar se asocia a un 40 % menos de riesgo de muerte», «este hábito reduce un 30 % el riesgo». Muchos titulares sobre hábitos y longevidad llevan un porcentaje así, y suele ser del mismo tipo: relativo.

Este artículo explica qué significa ese número, qué le falta para ser útil y qué preguntas hacerle antes de sacar conclusiones. Forma parte de la guía sobre longevidad saludable, que repasa qué puede decir hoy la investigación sobre vivir más años con salud.

Dos maneras de contar el mismo resultado

Imagina dos grupos de personas seguidas durante un tiempo. El riesgo absoluto de cada grupo es la proporción de personas que tienen el problema estudiado en ese periodo. El riesgo relativo divide el riesgo de un grupo entre el del otro; 1 menos esa división es la reducción relativa del riesgo, el «un 30 % menos» de los titulares. La reducción absoluta del riesgo es la resta de los dos riesgos absolutos, y el número necesario a tratar es el inverso de esa resta: cuántas personas tendrían que recibir algo para que una evite el problema.1

Las cinco medidas con un ejemplo inventado: dos grupos de 1.000 personas seguidas diez años
CifraQué respondeEn el ejemplo inventado
Riesgo absoluto¿Cuántas personas de cada 1.000 tienen el problema en ese tiempo?20 de cada 1.000 en un grupo y 14 de cada 1.000 en el otro
Riesgo relativo¿En qué proporción está el riesgo de un grupo frente al del otro?14 ÷ 20 = 0,7
Reducción relativa¿Qué parte del riesgo de partida desaparece?1 − 0,7 = un 30 % menos
Reducción absoluta¿Cuántas personas de cada 1.000 se libran del problema?20 − 14 = 6 de cada 1.000 (0,6 puntos porcentuales)
Número necesario a tratar¿Cuántas personas tendrían que hacer el cambio para que una evite el problema?1.000 ÷ 6 = unas 167

Las cinco cifras describen el mismo resultado, pero solo las absolutas dejan ver de dónde se parte. Lo más claro es dar los riesgos de los dos grupos: de 20 a 14 de cada 1.000 en diez años.1

El mismo 30 % no vale lo mismo para todos

Un porcentaje relativo no lleva dentro el punto de partida. Un riesgo relativo de 0,5 es compatible con pasar del 20 % al 10 %, del 1 % al 0,5 % o del 0,0004 % al 0,0002 %.3 Las tres cosas son «la mitad de riesgo», pero solo en la primera se libran del problema 10 de cada 100 personas; en la última, la diferencia es ínfima.

Figura 1. Una misma reducción del 30 %, con dos riesgos de partida distintos

Cifras inventadas para el ejemplo, no datos de ningún estudio, y suponiendo que la diferencia la causa el cambio. Con estos números, el número necesario a tratar sería de unas 167 personas en el primer grupo y de unas 17 en el segundo. Que una misma reducción relativa pueda corresponder a beneficios absolutos muy distintos, y que sin el riesgo de partida engañe sobre todo cuando ese riesgo es bajo, lo recogen las revisiones sobre cómo comunicar riesgos.12

Y el riesgo de partida cambia de unas personas a otras. En estudios de varios países, los factores de riesgo cardiovascular clásicos se asociaron a riesgos relativos parecidos en hombres de Irlanda del Norte, Francia, Estados Unidos y Alemania, aunque el riesgo de enfermedad coronaria de partida variaba mucho entre esos países.5 Con el mismo riesgo relativo, el número de personas afectadas no es el mismo.

Por qué la cifra relativa impresiona más

Una revisión Cochrane reunió 35 estudios, con 83 comparaciones, en los que se presentaba el mismo efecto de distintas maneras a profesionales sanitarios y a público general. Frente a la reducción absoluta, la relativa no se entendió mejor, pero hizo que el efecto pareciera mayor y resultó más persuasiva. Frente al número necesario a tratar, la relativa también pareció mayor y convenció más. No hubo diferencias entre profesionales y público.2

En una encuesta telefónica en Nueva Zelanda se describieron tres pruebas de detección de cáncer con exactamente el mismo beneficio, contado de tres maneras. Como «hacerse la prueba cada dos años reduce en un tercio el riesgo de morir de este cáncer en los próximos diez años», el 80 % de 306 personas dijo que probablemente se la haría; como «de unas 3 a unas 2 muertes de cada 1.000 en diez años», el 53 %; y como «si unas 1.000 personas se hacen la prueba cada dos años, se evita una muerte cada diez años», el 43 %.1

Del artículo científico al titular

La cifra relativa suelta no nace en el periódico. En una revisión de 222 artículos con razones de riesgo en el resumen, publicados entre 2003 y 2004 en seis grandes revistas médicas, el 68 % no daba en el resumen los riesgos absolutos que había detrás de la primera razón de riesgos que citaba, y en cerca de la mitad de esos artículos no estaban en ninguna parte. En los estudios de cohortes, el resumen daba los riesgos absolutos en el 21 % de los casos; en los ensayos aleatorizados, en el 62 %.3

Las notas de prensa tampoco ayudan siempre: según un análisis que recoge la revisión de Gigerenzer y sus colegas, de las notas de revistas médicas que comparaban grupos, el 45 % daba riesgos relativos sin el riesgo de partida.1 Y lo que dicen las notas pasa a las noticias. En 462 notas de prensa sobre salud de 20 universidades británicas, de 2011, el 40 % daba consejos más directos que el artículo; en los estudios de observación, el 33 % hablaba de causa con más rotundidad que el propio artículo; y en los estudios con animales, células o simulaciones, el 36 % trasladaba los resultados a las personas más allá de lo que decía el artículo. Cuando la nota exageraba la relación causal, el 81 % de las noticias también lo hacía; cuando no, el 18 %.4

Asociación no es efecto: qué hay detrás de «un 40 % menos»

Muchas cifras que relacionan un hábito con vivir más salen de estudios de cohortes: se mide algo en un grupo grande de personas y se las sigue durante años. Su resultado suele ser una razón de riesgos instantáneos («hazard ratio»), que compara el ritmo al que ocurre el problema en un grupo y en otro a lo largo del seguimiento; es un tipo de riesgo relativo.65

Un ejemplo real: en un metaanálisis de 15 cohortes, el grupo que daba unos 5.800 pasos al día tuvo un riesgo de muerte un 40 % menor que el grupo que daba menos pasos. Ese 40 % es 1 menos la razón de riesgos instantáneos, 0,60, ajustada por otros factores.7 El texto principal del estudio da el punto de partida del conjunto: 3.013 muertes entre 47.471 personas, seguidas una mediana de 7,1 años; según los autores, 10,1 muertes por cada 1.000 personas y año de seguimiento.7 El 40 % no significa «40 de cada 100 personas», ni dice por sí solo cuántas muertes menos hubo en ese grupo. Qué muestran esos estudios lo contamos en el artículo sobre cuántos pasos al día.

Además, en un estudio de observación la diferencia entre grupos puede deberse a otros factores que van unidos al hábito; es lo que se llama confusión.5 Los investigadores ajustan por los factores que conocen y miden, pero los propios autores del análisis de pasos advierten de que, al tratarse de datos de observación, no se pueden hacer inferencias causales: puede quedar confusión residual, o causalidad inversa, es decir, que una peor salud haga caminar menos y no al revés.7

Tampoco dice cuántos años más se vive. Un artículo metodológico escrito para ensayos clínicos explica que la razón de riesgos instantáneos no se traduce directamente en cuánto tarda en llegar el problema;6 a nuestro juicio, el mismo razonamiento vale para las cohortes de mortalidad: «un 30 % menos de riesgo de muerte» no es «vivir un 30 % más». Y vivir más años no es lo mismo que vivir más años con buena salud: la diferencia entre esos dos indicadores la explicamos en esperanza de vida y años de vida saludable.

Cinco preguntas para leer un titular

No hacen falta fórmulas. Estas preguntas son una deducción nuestra a partir de las fuentes de este artículo, no una lista validada:

  1. ¿De cuánto a cuánto, y en cuánto tiempo? Busca los riesgos de los dos grupos, en personas de cada 100 o de cada 1.000, y el plazo. Si solo hay un porcentaje, falta la mitad de la información.12
  2. ¿Riesgo de qué? Menos muertes por una causa concreta no implica menos muertes en total; menos muertes por cualquier causa es mejor señal de que algo ayuda, y en una prueba de interpretación de datos médicos solo el 20 % de los participantes lo reconoció.1
  3. ¿Qué tipo de estudio? Si es de observación, muestra una asociación que puede deberse a otros factores.5 Si se hizo con animales o con células, sus resultados no se trasladan sin más a personas, aunque las notas de prensa a menudo lo hagan.4
  4. ¿En quién? La edad, el sexo, el país y la salud de las personas estudiadas cambian el riesgo de partida, y con él lo que significa el porcentaje.15
  5. ¿Y lo que no cuenta? Si los beneficios se dan en relativo y los inconvenientes en absoluto, se comparan cifras en monedas distintas. En tres grandes revistas médicas, entre 2004 y 2006, uno de cada tres estudios sobre tratamientos que daba beneficios y daños los medía con varas distintas, casi siempre en ese sentido.1

Estas preguntas sirven para leer un titular concreto. Cuando lo que agobia son muchos mensajes que se contradicen, otro artículo explica cómo elegir pocas fuentes y cuándo dejar de buscar.

Una cifra de grupo tampoco dice cómo te sienta a ti un cambio. Si quieres comprobarlo en tu caso, sirve más plantearlo como una pregunta y una prueba personal que buscar el porcentaje de un titular.

Un porcentaje de reducción del riesgo es la mitad de la información. La otra mitad es de dónde se parte, durante cuánto tiempo, en quién y si el estudio puede hablar de causa o solo de asociación. Con esas preguntas, un titular sobre un hábito y la longevidad se convierte en lo que suele ser: una pista sobre grupos de personas, no una promesa para ti.

Sigue leyendo

¿Quieres pasar de la información a la acción?

naro te ayuda a priorizar 2–3 hábitos con impacto potencial y a sostenerlos en el tiempo, con contexto y seguimiento.

Fuentes

Cada número pequeño del texto lleva a la fuente en la que se apoya esa afirmación. Los consejos prácticos sin número son deducciones a partir de estas fuentes, y los ejemplos con nombre propio son inventados. Es información general: no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Cómo elaboramos estos contenidos

Fuentes consultadas hasta el 28 de octubre de 2026.

  1. Revisión. Gigerenzer G, Gaissmaier W, Kurz-Milcke E, Schwartz LM, Woloshin S (2007). Helping Doctors and Patients Make Sense of Health Statistics. Psychological Science in the Public Interest. Definiciones y ejemplos de cómo se comunican los riesgos; varias cifras proceden de estudios que la revisión recoge.
  2. Revisión sistemática Cochrane. Akl EA, Oxman AD, Herrin J y otros (2011). Using alternative statistical formats for presenting risks and risk reductions. Cochrane Database of Systematic Reviews. 35 estudios con profesionales y público; búsqueda hasta 2007 y ninguno midió conductas reales.
  3. Revisión estructurada de artículos. Schwartz LM, Woloshin S, Dvorin EL, Welch HG (2006). Ratio measures in leading medical journals: structured review of accessibility of underlying absolute risks. BMJ. 222 artículos de seis revistas médicas publicados entre 2003 y 2004.
  4. Estudio de observación retrospectivo. Sumner P, Vivian-Griffiths S, Boivin J y otros (2014). The association between exaggeration in health related science news and academic press releases: retrospective observational study. BMJ. 462 notas de prensa de universidades británicas de 2011 y 668 noticias; muestra asociaciones, no causas.
  5. Guía para publicar estudios de observación. Vandenbroucke JP, von Elm E, Altman DG y otros (2007). Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology (STROBE): Explanation and Elaboration. PLoS Medicine. Explica la confusión y recomienda traducir los riesgos relativos a absolutos cuando sea pertinente.
  6. Artículo metodológico. Spruance SL, Reid JE, Grace M, Samore M (2004). Hazard ratio in clinical trials. Antimicrobial Agents and Chemotherapy. Qué es la razón de riesgos instantáneos y por qué no dice cuánto tiempo se gana; escrito para ensayos clínicos.
  7. Metaanálisis de estudios de cohortes. Paluch AE, Bajpai S, Bassett DR y otros (2022). Daily steps and all-cause mortality: a meta-analysis of 15 international cohorts. The Lancet Public Health. Se usa solo como ejemplo de cómo se expresa un resultado; 47.471 adultos de países de ingresos altos.

← Toda la biblioteca