Estudios en ratones y longevidad: por qué no bastan para las personas
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En breve
- Los estudios en células y en animales sirven para encontrar pistas y entender mecanismos, pero responden a otra pregunta: qué pasa en esa especie y en esas condiciones. Que algo alargue la vida de un ratón no demuestra que alargue la de una persona.
- El paso de los animales a las personas se queda a menudo por el camino: en una gran revisión de terapias para enfermedades probadas en animales, de las que llevaban al menos diez años de investigación la mitad llegó a estudiarse en personas y solo un 5 % acabó aprobada.1
- Incluso entre ratones, los resultados cambian según el sexo, la cepa y el laboratorio,57 y en monos la restricción calórica dio respuestas distintas en dos estudios paralelos.10
- Muchos titulares no dicen que el estudio se hizo en ratones.12 Antes de sacar conclusiones, pregunta en quién se hizo, qué se midió, con qué se comparó y cuánto cambió.
Titulares del tipo «un fármaco alarga la vida un 20 %» o «una dieta frena el envejecimiento» hablan a menudo de resultados que, leídos con calma, son de ratones, de gusanos o de células en una placa. No son estudios inútiles, pero no responden a la pregunta que se hace quien lee: ¿esto me servirá a mí?
Este artículo explica qué puede mostrar cada tipo de estudio, por qué el salto de los animales a las personas falla tan a menudo y qué preguntas hacerle a un titular. Forma parte de nuestra guía sobre longevidad saludable, que resume en un esquema qué puede decir cada nivel de la investigación; aquí lo desarrollamos con ejemplos.
Qué puede mostrar cada tipo de estudio
Cada tipo de estudio responde a una pregunta distinta. Un hallazgo en células muestra un mecanismo posible; uno en animales, qué pasa en esa especie y en esas condiciones; un estudio de observación en personas, una asociación que puede tener otras explicaciones; y un ensayo aleatorizado, que reparte al azar quién recibe una intervención, es la forma más directa de ver si algo causa un efecto. Ninguno de esos peldaños sustituye al siguiente.
Las guías que valoran la evidencia razonan de forma parecida. En el sistema GRADE, los ensayos aleatorizados parten de una confianza alta y los estudios de observación, de una baja; la confianza baja, entre otras razones, cuando la evidencia es indirecta, y un estudio de observación puede ganarla si el efecto es muy grande.3 GRADE no habla de animales, pero de su lógica se deduce que un estudio en ratones es, para las personas, evidencia indirecta.
Una consecuencia práctica, que se deduce de los plazos: un ensayo que quisiera medir cuánto vive la gente tendría que durar décadas. Por eso despiertan tanto interés las medidas que cambian antes, como las pruebas de «edad biológica», y por eso conviene preguntarse qué reflejan de verdad.
Cuántos resultados en animales llegan a las personas
Una revisión de revisiones publicada en 2024 reunió 122 revisiones sistemáticas sobre 367 terapias probadas en animales para 54 enfermedades humanas. Entre las que llevaban al menos diez años desde su primer estudio en animales, la mitad llegó a algún estudio en personas, el 40 % a un ensayo aleatorizado y solo el 5 % fue aprobada.1
Figura 1. De las terapias probadas en animales, solo una de cada veinte acabó aprobada
Un trabajo anterior, más pequeño, llegó a una conclusión parecida. De 76 estudios en animales muy citados, publicados entre 1980 y 2000 en siete de las revistas científicas más influyentes, 28 (el 37 %) se confirmaron en ensayos aleatorizados en personas, 14 (el 18 %) se contradijeron y 34 (el 45 %) seguían sin probarse; ocho de las intervenciones confirmadas acabaron aprobadas. Y eran los estudios más visibles, que según los autores tenían más probabilidades de llegar a las personas que el resto.2
¿Por qué se pierde tanto por el camino? Las revisiones señalan varias razones: los animales suelen ser jóvenes y sanos, a diferencia de las personas a las que va dirigido un tratamiento; muchos estudios en animales no reparten los grupos al azar ni evalúan los resultados a ciegas; y el efecto tiende a encogerse al pasar de los animales a las personas y, en alguna de esas revisiones, también a medida que los estudios son más rigurosos.1 En los 76 estudios muy citados, pocos asignaban los animales al azar o evaluaban los resultados sin saber a qué grupo pertenecía cada uno.2
Tampoco hay que exagerar en sentido contrario. En 62 terapias muy estudiadas, la revisión de 2024 encontró resultados positivos en el 79 % de los estudios en animales, en torno al 60 % de los estudios en personas y en el 50 % de los ensayos aleatorizados.1 Lo que sale bien en animales sale bien a menudo en los primeros estudios en personas; el embudo se estrecha sobre todo en los ensayos más rigurosos y en la aprobación.
Alargar la vida de un ratón: qué se ha visto y qué no dice de ti
Los organismos de vida corta permiten algo imposible en personas: medir la vida entera en poco tiempo y con todo controlado. El programa de pruebas de intervenciones del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (ITP) está pensado para que esos resultados sean sólidos: prueba cada sustancia a la vez en tres laboratorios, con ratones genéticamente diversos,4 y se propone publicar todos los resultados, positivos o negativos.6
En 2009, ese programa publicó que la rapamicina, añadida a la comida desde los 600 días de edad, alargaba la vida de ratones machos y hembras: la edad a la que había muerto el 90 % de los animales aumentó un 14 % en las hembras y un 9 % en los machos. En ese estudio, la mitad de las hembras sin tratar había muerto hacia los 881–895 días, algo menos de dos años y medio, y los autores compararon un ratón de 600 días con una persona de unos 60 años, en proporción a la vida máxima de cada especie.4 Es un resultado en ratones: ninguna de las fuentes de este artículo muestra que la rapamicina alargue la vida de las personas.
Incluso dentro de ese programa, los resultados no son uniformes:
- Sexo. La acarbosa aumentó la mediana de vida un 22 % en los ratones machos y un 5 % en las hembras.5
- Laboratorio. Otro compuesto, el 17-α-estradiol, alargó la vida de los machos un 28 % en uno de los tres laboratorios y un 3 % en los otros dos, una diferencia que en estos no fue significativa. Los autores no saben por qué los machos sin tratar viven más en un centro que en otro.5
- Resultados negativos. Cinco sustancias dadas desde los cuatro meses de edad —extracto de té verde, curcumina, ácido oxalacético, aceite de triglicéridos de cadena media y resveratrol— no cambiaron de forma significativa la vida de los ratones, a las dosis probadas.6
- Cepas. Fuera de ese programa, la mayoría de los estudios de longevidad usan cepas con poca diversidad genética: casi todos los del gusano C. elegans se han hecho con una sola cepa, y el efecto de la restricción calórica en ratones depende de la cepa.7
Y lo que funciona en un animal puede no repetirse en personas aunque el mecanismo se parezca. Un ejemplo que recoge un artículo de perspectiva: anular el receptor de la hormona del crecimiento alarga más de un 40 % la vida de los ratones, mientras que, según ese artículo, las personas con un déficit de ese receptor no viven más, aunque parecen más protegidas frente al cáncer.7
Restricción calórica en monos: dos estudios, dos respuestas
Los macacos rhesus viven décadas y envejecen de forma parecida a las personas. Por eso, a finales de los años ochenta, empezaron dos estudios para probar en ellos una restricción calórica, es decir, comer menos sin llegar a la malnutrición: uno en la Universidad de Wisconsin y otro en el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA) de Estados Unidos.10
En 2009, el de Wisconsin publicó que los monos con restricción tenían menos muertes por causas relacionadas con la edad y menos diabetes, cáncer y enfermedad cardiovascular.8 En 2012, el del NIA publicó que la restricción no había mejorado la supervivencia, aunque los dos estudios habían documentado beneficios para la salud.9 En 2017, los dos equipos compararon sus datos y señalaron diferencias de diseño que podían explicar la discrepancia.10
| Aspecto | Wisconsin | NIA |
|---|---|---|
| Monos | 76 | 121 |
| Edad al empezar | De 7 a 15 años, ya adultos | De 1 a 23 años, en grupos por edad |
| Comida del grupo de control | Más o menos lo que comían a voluntad | Una ración fija, calculada por tablas según su edad y peso, sin dejarles comer a voluntad |
| Dieta | Semipurificada; el 45 % de los hidratos de carbono era sacarosa | De ingredientes naturales; menos del 7 % de los hidratos era sacarosa |
| Supervivencia con restricción | Mejor: los monos de control tenían casi el doble de tasa de muerte | Sin diferencias significativas con los controles |
La lectura conjunta de los autores es que la restricción mejoró la salud en los dos estudios y la supervivencia cuando empezó en la edad adulta. En el NIA, los monos que empezaron mayores vivieron mucho, con restricción o sin ella, y sus controles comían y pesaban menos que los controles de Wisconsin; y los machos de control que empezaron jóvenes pesaban menos que los de Wisconsin, aunque comían lo mismo. En los que empezaron muy jóvenes no se vio una mejora de la supervivencia, y los autores apuntan que en algunos pudo ser un riesgo, aunque sus datos aún no eran definitivos.10 Es decir, el resultado dependía mucho de con qué se comparaba.
Cómo leer un titular sobre longevidad
Parte del problema empieza antes de la noticia. En notas de prensa de universidades británicas sobre estudios con animales, células o simulaciones, cuando la nota trasladaba los resultados a las personas más allá de lo que decía el artículo científico, el 86 % de las noticias también lo hacía, frente al 10 % cuando la nota no lo hacía; es una asociación, no una prueba de que la nota cause la exageración.11 Y en una muestra de 623 artículos sobre alzhéimer hechos con ratones, casi siete de cada diez noticias (1.067 de 1.535) no mencionaban a los ratones en el titular, sobre todo cuando el propio artículo científico no los nombraba en su título.12
Cinco preguntas para hacerle a una noticia. No son una regla publicada, sino una deducción de lo que muestran estas fuentes:
- ¿En quién se hizo? Células, gusanos, ratones, monos o personas. Si el titular no lo dice, búscalo en el texto o en el propio estudio.
- ¿Qué se midió? Cuánto se vivió, una enfermedad o un marcador que cambia antes. No es lo mismo.
- ¿Con qué se comparó? Como en los monos, el grupo de control puede cambiar el resultado.
- ¿Cuánto cambió, en números absolutos? Un «50 % menos de riesgo» puede ser mucho o muy poco según el riesgo de partida; lo explicamos en cómo leer el riesgo relativo y el absoluto.
- ¿Es un estudio suelto o se ha repetido? Incluso en ratones, lo que sale en un laboratorio no siempre sale en otro.5
Si una noticia te hace pensar en cambiar un hábito, lo útil es convertirla en una pregunta concreta sobre ti y probarla con calma, como contamos en cómo convertir un dato de bienestar en una pregunta y una prueba. Si se trata de tomar un fármaco o un suplemento, esa conversación es con un profesional sanitario.
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Fuentes
Cada número pequeño del texto lleva a la fuente en la que se apoya esa afirmación. Los consejos prácticos sin número son deducciones a partir de estas fuentes, y los ejemplos con nombre propio son inventados. Es información general: no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Cómo elaboramos estos contenidos
Fuentes consultadas hasta el 28 de octubre de 2026.
- Revisión de revisiones sistemáticas. Ineichen BV, Furrer E, Grüninger SL, Zürrer WE, Macleod MR (2024). Analysis of animal-to-human translation shows that only 5% of animal-tested therapeutic interventions obtain regulatory approval for human applications. PLOS Biology. 122 revisiones, 367 terapias para 54 enfermedades. Son tratamientos de enfermedades, no intervenciones para alargar la vida.
- Revisión sistemática (carta de investigación). Hackam DG, Redelmeier DA (2006). Translation of research evidence from animals to humans. JAMA. 76 estudios en animales muy citados, de 1980 a 2000; por ser los más visibles, podían llegar a las personas con más facilidad que el resto.
- Artículo metodológico. Guyatt GH, Oxman AD, Vist GE y otros (2008). GRADE: an emerging consensus on rating quality of evidence and strength of recommendations. BMJ. Cómo valoran muchas guías la confianza en la evidencia; no habla de estudios en animales.
- Estudio experimental en ratones. Harrison DE, Strong R, Sharp ZD y otros (2009). Rapamycin fed late in life extends lifespan in genetically heterogeneous mice. Nature. Ratones genéticamente diversos, en tres laboratorios. No estudia personas.
- Estudio experimental en ratones. Harrison DE, Strong R, Allison DB y otros (2014). Acarbose, 17-α-estradiol, and nordihydroguaiaretic acid extend mouse lifespan preferentially in males. Aging Cell. Diferencias por sexo y por laboratorio dentro del mismo programa. No estudia personas.
- Estudio experimental en ratones. Strong R, Miller RA, Astle CM y otros (2013). Evaluation of Resveratrol, Green Tea Extract, Curcumin, Oxaloacetic Acid, and Medium-Chain Triglyceride Oil on Life Span of Genetically Heterogeneous Mice. The Journals of Gerontology: Series A. Resultados negativos a las dosis probadas; no dice nada de otras dosis ni de personas.
- Artículo de perspectiva. de Magalhães JP (2014). Why genes extending lifespan in model organisms have not been consistently associated with human longevity and what it means to translation research. Cell Cycle. Plantea hipótesis a partir de otros estudios; no es una revisión sistemática.
- Estudio experimental en monos. Colman RJ, Anderson RM, Johnson SC y otros (2009). Caloric restriction delays disease onset and mortality in rhesus monkeys. Science. Estudio de la Universidad de Wisconsin, a los 20 años de seguimiento. Solo hemos podido leer el resumen.
- Estudio experimental en monos. Mattison JA, Roth GS, Beasley TM y otros (2012). Impact of caloric restriction on health and survival in rhesus monkeys from the NIA study. Nature. Estudio del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos. Solo hemos podido leer el resumen.
- Análisis conjunto de dos estudios en monos. Mattison JA, Colman RJ, Beasley TM y otros (2017). Caloric restriction improves health and survival of rhesus monkeys. Nature Communications. 197 macacos rhesus; algunos seguían vivos al analizar los datos, así que parte de las curvas de supervivencia estaba incompleta.
- Estudio de observación. Sumner P, Vivian-Griffiths S, Boivin J y otros (2014). The association between exaggeration in health related science news and academic press releases: retrospective observational study. BMJ. Notas de prensa de 20 universidades del Reino Unido en 2011 y las noticias que generaron.
- Estudio de observación. Triunfol M, Gouveia FC (2021). What's not in the news headlines or titles of Alzheimer disease articles? #InMice. PLOS Biology. Artículos de 2018 y 2019 sobre alzhéimer en ratones; un solo campo de investigación.