Siesta: cuánto debe durar y a qué hora, según los estudios
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En breve
- En experimentos con adultos jóvenes que habían dormido poco, una siesta de 10 minutos de sueño mejoró la alerta y el rendimiento al momento; una de 30 dejó primero un rato de aturdimiento y luego también ayudó.1 La Sociedad Española de Sueño recomienda no pasar de 20–30 minutos, después de comer.5
- Ese aturdimiento al despertar, la inercia del sueño, suele pasar en menos de media hora y es mayor cuanto más larga es la siesta y cuanto menos has dormido antes.3
- La somnolencia sube de forma natural después de comer.85 En la mayoría de los estudios la siesta no empeora mucho la noche, pero sobre las siestas tardías hay pocos datos.6 Si te cuesta dormir, la SES aconseja evitarla;5 nuestra sugerencia es probar antes a adelantarla o acortarla.
- Las siestas largas y habituales, de una hora o más, se asocian a más enfermedad cardiovascular y mortalidad en estudios de observación. Es una asociación: la necesidad de dormir tanto de día puede ser la señal de otra cosa, no la causa.9108
- Si tienes mucho sueño durante el día sin una causa clara, consulta a un profesional sanitario.13
La siesta tiene fama de costumbre española, pero no tanto de hábito diario: en una encuesta telefónica de 2008 a 3.026 adultos, recogida por la Sociedad Española de Sueño (SES), casi el 60 % dijo no dormirla nunca y un 16 % la dormía a diario, con una duración media de una hora.5
Este artículo responde a dos preguntas concretas —cuánto debería durar y a qué hora conviene— y separa lo que se ha medido en experimentos de lo que solo se ha observado en grandes estudios de salud. Para los hábitos de sueño en general, empieza por nuestro artículo sobre dormir mejor, donde la siesta aparece entre las reglas populares más débiles de lo que parecen.
Cuánto debe durar: los beneficios medidos en el laboratorio
Un experimento de referencia comparó siestas de 5, 10, 20 y 30 minutos exactos de sueño, a las tres de la tarde, con no dormir. Participaron 24 adultos jóvenes que dormían bien, no solían dormir siesta y habían dormido unas cinco horas la noche anterior. La de 10 minutos mejoró desde el primer momento todas las medidas —la somnolencia medida y la percibida, la fatiga, el vigor y el rendimiento en pruebas— y fue, para los autores, la más eficaz de las que probaron; la tabla resume el resto.1
Unos segundos no bastan: en otro experimento del mismo grupo, con 16 adultos jóvenes que habían dormido de doce a cinco de la madrugada, dormirse 30 o 90 segundos no mejoró nada medible, y 10 minutos sí.2 Un detalle práctico: en el experimento de las duraciones se contaban minutos de sueño, no de tiempo tumbado; lo que tardes en dormirte va aparte.1
| Duración | Qué se observó | Tipo de estudio |
|---|---|---|
| 30 o 90 segundos de sueño | Ninguna mejora medible frente a no dormir.2 | Experimento con 16 personas |
| 5 minutos | Pocos beneficios frente a no dormir.1 | Experimento con 24 personas |
| 10 minutos | Mejora inmediata de la somnolencia, la fatiga, el vigor y el rendimiento; parte de ella duró hasta 155 minutos.1 | Experimento con 24 personas |
| 20 minutos | Mejoras desde unos 35 minutos después de despertar hasta 125 minutos.1 | Experimento con 24 personas |
| 30 minutos | Primero, peor alerta y rendimiento (inercia del sueño); después, mejoras hasta 155 minutos.1 | Experimento con 24 personas |
| 60 minutos o más al día, de forma habitual | Asociada a más enfermedad cardiovascular y más mortalidad que no dormir siesta; por debajo de 60 minutos, sin asociación clara.9 | Metaanálisis de 11 estudios de cohortes, 151.588 personas |
La SES habla de «un cierto consenso»: las siestas cortas, de menos de 20 a 30 minutos, mejoran la alerta y el rendimiento sin perjudicar el sueño nocturno, algo que considera especialmente claro en estudiantes, personas mayores y trabajadores a turnos; y recomienda limitarlas a un máximo de 20–30 minutos después de comer.5
Por qué una siesta larga puede dejarte peor
El aturdimiento al despertar tiene nombre: inercia del sueño, un rato de somnolencia, desorientación y peor rendimiento. En los estudios suele desaparecer en menos de 30 minutos, a veces en 15, aunque la recuperación completa puede tardar más. Es mayor si antes has dormido poco o llevabas muchas horas despierto, y si te despiertas en plena noche biológica.3
En las siestas de la tarde, el sueño profundo y la inercia tienden a aumentar con la duración, aunque el papel exacto del sueño profundo no está confirmado. Por eso los investigadores proponen siestas cortas para reducir la inercia, pero ninguna duración la evita siempre: una siesta de 10 minutos a las siete de la mañana, tras pasar la noche despierto en una simulación de turno de noche, también la produjo.3
La inercia no anula el beneficio: una vez pasado ese rato, una siesta con sueño profundo puede reducir la somnolencia durante más tiempo.8 Lo que cuenta es qué tengas que hacer justo al levantarte; la misma revisión recoge consecuencias reales de la inercia en tareas en las que la seguridad depende de estar alerta.3
¿Y la siesta de hora y media? La SES aconseja, si estás muy privado de sueño, dormir unos 90 minutos seguidos para despertar al final de un ciclo completo de sueño.5 La idea es despertar al final de un ciclo, en sueño ligero. Pero la revisión sobre la inercia encuentra resultados contradictorios sobre si la fase de sueño en la que te despiertas la determina,3 y entre las fuentes revisadas para este artículo no hay ningún experimento que compare esa duración con una siesta corta.
A qué hora conviene, y qué pasa con la noche
La somnolencia de la sobremesa no se debe solo a la comida: el reloj biológico tiene un descenso natural de la alerta después de comer, además del de la noche.8 La SES lo sitúa unas ocho horas después de despertar, cuando la presión de sueño acumulada se suma a ese descenso.5 Si te levantas a las siete, cae hacia las tres de la tarde, la hora de las siestas del experimento de las duraciones.1
¿Quita sueño por la noche? Menos de lo que suele decirse. Una revisión sobre higiene del sueño concluye que la mayoría de los estudios, hechos sobre todo con personas mayores, no encuentran una relación importante entre la siesta y el sueño nocturno, ni en lo que cuentan las personas ni en lo que miden los aparatos, aunque los datos no son del todo coherentes.6 En nueve personas sanas de 74 a 87 años, dos semanas de siesta diaria de 90 minutos a primera hora de la tarde dieron, en el laboratorio, un sueño nocturno unos 48 minutos más corto, algo menos eficiente y con despertares más tempranos; en sus diarios, en cambio, no hubo diferencias, y los propios autores consideraron pequeños esos efectos.67
Sobre la hora hay pocos estudios, y no coinciden. En adultos jóvenes sanos, una única siesta al anochecer empeoró varios aspectos del sueño de esa noche, entre ellos el tiempo total y lo que tardaron en dormirse; en cambio, en mujeres posmenopáusicas, las que dormían siesta al anochecer se despertaban antes, pero su sueño nocturno era más eficiente según el registro de actividad.6 La explicación de que una siesta pueda restar noche es la presión de sueño: dormir de día la descarga, a veces tanto que el sueño nocturno se resiente horas después.8
La pauta de la SES es práctica: evitar la siesta si contribuye a que te cueste más dormir por la noche o a un sueño más fragmentado y corto.5 Si te pasa, nuestra sugerencia —una deducción, no un resultado de los estudios— es probar antes a adelantarla o acortarla que a quitarla del todo.
Si la siesta es tu forma de compensar noches cortas, vale la pena mirar el origen: recortar la noche no es una buena forma de ganar tiempo, como contamos en los mínimos que cuentan con poco tiempo, y dormir distinto entre semana y el fin de semana tiene sus propios efectos, que repasamos en el artículo sobre el sueño del fin de semana. Y si lo que haces para aguantar la tarde es otro café, la cafeína y el sueño tiene su propia letra pequeña.
Siestas largas y salud: asociación, no causa
Un metaanálisis de 11 estudios de cohortes, con 151.588 personas seguidas una media de 11 años, encontró que dormir siestas de una hora o más al día se asociaba a un 82 % más de enfermedad cardiovascular (con un margen de incertidumbre amplio: entre un 22 % y un 171 % más) y a un 27 % más de mortalidad que no dormir siesta; las siestas de menos de una hora no se asociaron a ninguna de las dos. En el análisis por duración (una curva ajustada a las categorías de los estudios), el riesgo cardiovascular era más bajo en torno a los 30 minutos al día y subía con fuerza por encima de unos 45, aunque los autores piden más estudios antes de atribuir un beneficio a la siesta corta.9 Son riesgos relativos: dicen cuánto más frecuentes eran los problemas en un grupo que en otro, no la probabilidad de que le ocurran a una persona.
La relación no es igual para todo el mundo. En un estudio de 116.632 personas de 35 a 70 años de 21 países, seguidas una mediana de 7,8 años, la siesta se asoció a más muertes y eventos cardiovasculares solo en quienes dormían más de seis horas por la noche; en quienes dormían seis o menos, no. Los autores apuntan dos lecturas: en quien duerme poco, la siesta podría compensar; en quien ya duerme suficiente, dormir más durante el día podría ser una señal temprana de peor salud.10
En España, un estudio transversal con 3.275 adultos de una población mediterránea en la que la siesta forma parte de la cultura (el estudio ONTIME, dirigido desde la Universidad de Murcia) encontró que el 35 % solía dormirla y el 16 % la dormía larga, de más de 30 minutos. La siesta larga se asoció a más peso, perímetro de cintura, glucosa y presión arterial que no dormirla; la corta, a una menor probabilidad de tener la presión sistólica elevada. Parte de la relación con el peso pasaba por otros hábitos: fumar más, dormir y comer más tarde y comer más al mediodía.11
¿Por qué no concluir que la siesta larga es mala? Porque la dirección puede ser la contraria. Quien duerme mal de noche o tiene algún problema de salud puede tener más sueño de día y dormir siestas más largas.58 En un estudio de casos y controles en Cáceres, quienes dormían siesta habitualmente tenían con más frecuencia apneas durante el sueño, y la relación entre siesta y presión alta desaparecía al tenerlas en cuenta; los autores proponen ver la siesta como un posible marcador, no como la causa.12 Los autores del metaanálisis también reconocen esa posibilidad.9
Cómo encontrar la siesta que te sienta bien
Lo que sigue es nuestra lectura de las fuentes, no una pauta probada como tal:
- Si buscas despejarte, empieza corta: de 10 a 20 minutos de sueño, con una alarma. La de 10 fue la que mejor resultado dio en el experimento de referencia, y las dos caben dentro del límite de la SES.15
- Mejor a primera hora de la tarde que al final del día.56
- Si justo después tienes algo exigente, como conducir, deja unos minutos de margen para que pase el aturdimiento.3
- Si notas que la noche empeora, la SES aconseja evitarla.5 Antes de quitarla del todo, prueba a adelantarla o acortarla: es una deducción nuestra, no un resultado de los estudios.
Plantearlo como una prueba de unas semanas, con una o dos cosas apuntadas, evita sacar conclusiones de un solo día; en cómo convertir un dato de bienestar en una pregunta y una prueba explicamos cómo hacerlo sin convertirlo en otra obligación.
Cuándo no es cuestión de siesta
Tener sueño después de comer es normal. Otra cosa es estar muy somnoliento durante el día: puede deberse a causas muy distintas, como dormir poco, trabajar a turnos, algunos medicamentos o problemas de sueño, y una somnolencia excesiva sin causa conocida puede ser señal de un trastorno del sueño.13 Si te pasa, o si de pronto necesitas siestas largas a diario aunque duermas bien de noche, consulta a un profesional sanitario. Este artículo no sirve para valorar la causa.
Si trabajas a turnos o de noche, la siesta sigue otras reglas: la SES propone, por ejemplo, una siesta antes del turno de noche y, si se puede, otra corta de madrugada.5 Este artículo no cubre ese caso.
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Fuentes
Cada número pequeño del texto lleva a la fuente en la que se apoya esa afirmación. Los consejos prácticos sin número son deducciones a partir de estas fuentes, y los ejemplos con nombre propio son inventados. Es información general: no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Cómo elaboramos estos contenidos
Fuentes consultadas hasta el 26 de octubre de 2026.
- Estudio experimental de medidas repetidas. Brooks A, Lack L (2006). A brief afternoon nap following nocturnal sleep restriction: which nap duration is most recuperative?. Sleep. 24 adultos jóvenes sanos que no solían dormir siesta, tras una noche de unas cinco horas; siestas a las tres de la tarde. Solo hemos podido leer el resumen.
- Estudio experimental de medidas repetidas. Tietzel AJ, Lack LC (2002). The recuperative value of brief and ultra-brief naps on alertness and cognitive performance. Journal of Sleep Research. 16 adultos jóvenes sanos tras una noche de cinco horas. Solo hemos podido leer el resumen.
- Revisión narrativa. Hilditch CJ, McHill AW (2019). Sleep inertia: current insights. Nature and Science of Sleep. Reúne estudios de laboratorio y de campo, muchos con turnos de noche o privación de sueño.
- Revisión. Hilditch CJ, Dorrian J, Banks S (2017). A review of short naps and sleep inertia: do naps of 30 min or less really avoid sleep inertia and slow-wave sleep?. Sleep Medicine. Solo hemos podido leer el resumen.
- Documento de sociedad científica. Merino-Andreu M, Álvarez-Ruiz de Larrinaga A, Madrid-Pérez JA y otros (2016). Sueño saludable: evidencias y guías de actuación. Documento oficial de la Sociedad Española de Sueño. Revista de Neurología. De 2016. Los datos de siesta en España proceden de una encuesta telefónica de 2008 que el documento cita.
- Revisión narrativa. Irish LA, Kline CE, Gunn HE, Buysse DJ, Hall MH (2015). The role of sleep hygiene in promoting public health: a review of empirical evidence. Sleep Medicine Reviews. Revisión selectiva, no sistemática; los estudios sobre siesta y sueño nocturno son sobre todo con personas mayores.
- Estudio experimental cruzado. Monk TH, Buysse DJ, Carrier J, Billy BD, Rose LR (2001). Effects of afternoon "siesta" naps on sleep, alertness, performance, and circadian rhythms in the elderly. Sleep. Nueve personas sanas de 74 a 87 años; siesta obligatoria de 90 minutos entre las 13:30 y las 15:00. Solo hemos podido leer el resumen.
- Revisión narrativa. Mantua J, Spencer RMC (2017). Exploring the nap paradox: are mid-day sleep bouts a friend or foe?. Sleep Medicine.
- Metaanálisis de estudios de cohortes. Yamada T, Hara K, Shojima N, Yamauchi T, Kadowaki T (2015). Daytime napping and the risk of cardiovascular disease and all-cause mortality: a prospective study and dose-response meta-analysis. Sleep. Siesta declarada por los participantes; los autores reconocen posible causalidad inversa y factores no medidos.
- Estudio de cohortes. Wang C, Bangdiwala SI, Rangarajan S y otros (2019). Association of estimated sleep duration and naps with mortality and cardiovascular events: a study of 116 632 people from 21 countries. European Heart Journal. Sueño nocturno estimado por el tiempo en cama y siesta declarada; no se registraron trastornos del sueño.
- Estudio transversal. Vizmanos B, Cascales AI, Rodríguez-Martín M y otros (2023). Lifestyle mediators of associations among siestas, obesity, and metabolic health. Obesity. Adultos de una población mediterránea española (estudio ONTIME, Murcia); un estudio transversal no permite saber qué fue antes. Solo hemos podido leer el resumen.
- Estudio de casos y controles. Masa JF, Rubio M, Pérez P, Mota M, de Cos JS, Montserrat JM (2006). Association between habitual naps and sleep apnea. Sleep. 178 residentes de Cáceres que completaron el estudio. Solo hemos podido leer el resumen.
- Información institucional en castellano. MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (2025). Somnolencia. MedlinePlus en español. Se cita por las posibles causas de la somnolencia diurna; no sirve para valorar ningún caso concreto.